La vuelta.

La verdad es que esta entrada será como el primer contacto sexual de un eyaculador precoz de diecisiete años. Fugaz. Muy fugaz.

Es difícil describir algo sobre lo que no tienes prácticamente recuerdos, ni imágenes, ni nada de nada.

En otra entrada del blog explico todos los entresijos de mi carrera, pero por si no lo has leído todavía (o aún no la he escrito cuando estés leyendo esto), solo diré que terminé la carrera el domingo 1 de septiembre por la mañana. Sí, soy finisher del UTMB 2019.

De los flashes que tengo tras cruzar la meta recuerdo no sentirme cansado. Sorprendente pero real. Recuerdo ir a comer un poco de caldo caliente con fideos (¡bendito caldo con fideos!) y beber una cerveza.

Para después de la carrera tenemos planeado descansar un poco antes de poner rumbo a casa, pero viendo que la hora es bastante buena y previendo la posible caravana, decidimos que me ducho para quitarme las tres toneladas de mierda que llevo encima y que nos vamos. Al fin y al cabo, al día siguiente hay que trabajar.

Tras la ducha, que me sienta increíblemente bien, me pongo a los mandos de la furgoneta y nos ponemos en marcha en dirección a Gavà. Parada para repostar y primeras sensaciones raras en los pies. Las zapatillas empiezan a apretarme. Como si mis pies fuesen más grandes de repente. No puede ser. Me quito las zapatillas y los calcetines y sí, puede ser. Mis pies son más grandes que hace un rato. Bueno, es algo normal, he pasado muchas horas en ruta en la carrera.

Decido seguir conduciendo para que el copiloto duerma un poco e intente descansar y así pueda seguir conduciendo después.

El momento crítico llega cuando los pies empiezan a dolerme mucho y ya no me caben en las zapatillas. Los ojos se me empiezan a cerrar y no estoy en absoluto atento al tráfico. Previamente, me he tomado dos Monster y un Red Bull de medio litro cada uno, pero no hay bebida energética que pueda con el cansancio del UTMB.

Monster & Red Bull vs. UTMB

Es en ese momento en el que decido no jugarnos la vida y parar en un área de descanso. Han pasado 3 horas desde que hemos salido de Chamonix y no puedo más. Tengo las piernas muy inflamadas y los pies me duele de una manera bestial, sobretodo el derecho (que días después descubriré que tengo una fisura de lado a lado en el sesamoideo del hueso del dedo gordo). Quizás es mejor pegarme un tiro y acabar con mi sufrimiento. Lo he intentado pero mi cuerpo no puede mantenerse más tiempo despierto. Cedo el volante. Me siento en el asiento del copiloto, me quito las zapatillas que cada vez me aprietan más, incluso llevándolas desabrochadas, y creo que antes de salir del área de descanso ya me he quedado dormido.

A día de hoy, del resto del viaje solo tengo algunos recuerdos fugaces. Recuerdo despertarme alguna vez de sopetón y ser bastante borde y estúpido. Es curioso como cuando una persona ha llegado al límite físico puede perder los papeles y el control sobre lo que dice y hace.

Recuerdo despertarme y no saber donde estoy, preguntarlo y no escuchar la respuesta porque ya me he vuelto a quedar dormido.

Recuerdo, o lo mismo es un sueño, haber parado en un Burguer King o un McDonald’s o algo por el estilo y haber comido, pero no lo tengo muy claro.

Recuerdo algunas paradas en áreas de servicio y haber ido al baño, pero no lo podría jurar ante un juez.

No recuerdo si hubo mucha retención (solo lo sé porque me lo han contado).

En este post no hay música porque no recuerdo ni una sola de las canciones que sonaron.

Recuerdo que, fruto de ese mismo cansancio, al llegar a casa (unas trece o catorce horas después) seguí actuando de manera borde y sin miramientos. El cansancio extremo te convierte en un egoísta que solo piensa en él.

Afortunadamente recuerdo que la persona que me llevó a casa se dejó los ojos, las manos, los pies y su tiempo para estar a mi lado compartiendo la experiencia. Y eso es lo que uno debe recordar.

Este post no es ni musical ni divertido. Tampoco pretende ser una lección de vida para nadie, pero como consejo de alguien que ya lo ha vivido, si estás leyendo esto y tienes la suerte de hacer este año el UTMB, intenta no tener que volver a casa justo después de la carrera. Es algo muy duro y arriesgado y sobre todo, te perderás el poder ir comentándolo con las personas que te han acompañado.

Al final, el poder contar las anécdotas, reíros y ser amable con esas personas es lo que cuenta. Ni el tiempo que hayas hecho, ni el chaleco, ni nada más que eso: compartir. Reír y ser felices.

Piensa que mientras tú duermes, la persona que va conduciendo también querría estar durmiendo. Nuestro caso fue especial y sabíamos a lo que nos ateníamos y, en mi caso particular, ojalá hubiese podido mantenerme más tiempo despierto y haber podido hacer compañía a quien tanto esfuerzo hizo para que yo cruzase la meta de Chamonix.

Este post es una especie de agradecimiento/disculpa, que no empecé a escribirlo en ese sentido pero así ha acabado siendo. Por ello aprovecho para, justamente, decir eso:

¡GRACIAS y PERDÓN!

Es curioso ver como algo que empieza con tanta ilusión puede acabar de una manera tan rara. Pero así es la vida, el cansancio y la mente humana. Combinación explosiva.

La aventura se acaba.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar