La ida.

El viaje de ida hacia un lugar con el que llevas cierto tiempo soñando y, porque no decirlo, un poquito obsesionado, es siempre algo genial.

Nosotros decidimos ir a Chamonix con la furgoneta camper. Nuestro primer viaje largo y fuera de Cataluña. Nuestra primera convivencia de más de una noche en la furgoneta. Una Ford Transit Custom camperizada por Tinkervan. La verdad es que te preguntas cómo irá todo, ¿podremos convivir dos personas en un espacio tan pequeño durante tantos días sin matarnos? Pues sí, la vida en una camper es alucinante.

El sábado 24 de agosto de 2019, a las 7:00 de la mañana, subimos a la furgoneta, arrancamos el motor, subimos el volumen de la música y comienza a sonar Izal, me encanta la canción que se escucha.

Izal – La increíble historia del hombre que podía volar pero no sabía cómo.

Subo aún más el volumen. Estoy nervioso y emocionado a partes iguales. Soy feliz.

Nuestra idea es ir a ratos por carreteras sin peajes ya que parafraseando a Izal: «queremos disfrutar del camino» y a ratos por autopistas de peaje. Como es sábado decidimos ir hasta La Junquera sin pagar, no hay mucho tráfico por tanto no tardamos mucho más que por autopistas de peaje.

De Gavá a La Junquera sin peajes

En La Junquera hacemos la primera parada para estirar piernas, vaciar depósitos y tomar un café. Aquí tenemos la primera señal de que vamos para Francia y de que estamos casi ya allí, en Francia que no en Chamonix. Anda que no nos quedaban horas de viaje.

Torre Eiffel en el Centro comercial Gran Jonquera.

Tras el primer pit&stop seguimos el viaje y decidimos coger la autopista de peaje a ver qué tal está el tráfico ya que, por propia experiencia, sabía que las autopistas en Francia suelen tener una densidad de circulación bastante alta y no son nada baratas. Aquí viene la primera tangada del día, cogemos la entrada a la autopista que hay en justo después de todas las naves de centros comerciales, outlets y tiendas de tabaco y alcohol (y tabletas de chocolate de toneladas) en La Jonquera, recorremos unos 200 metros (o quizás menos) y nos encontramos un peaje (algo más de 1€) que nos vuelve a sacar a la carretera nacional (hijos de puta). A pesar del descomunal robo nada ni nadie nos va a estropear la aventura, así es que nos resignamos y seguimos haciendo camino. Subo el volumen que suena La Maravillosa Orquesta del Alcohol.

La M.O.D.A – PRMVR

Parafraseando esta vez a La M.O.D.A, asumimos el hecho de que somos parte de un rebaño de coches y seguimos adelante, esta vez ya en tierras de la France.

El día va pasando a ratos lento, a ratos rápido. Un viaje tan largo es como una carrera de ultra distancia, a ratos te aburres, a ratos te distraes, a ratos te quieres dar la vuelta y volver a casa (risas). La música va sonando, las charlas van fluyendo (cuando el copiloto abre los ojos y deja de dormir un rato).

A la altura de Narbonne encontramos la primera rétention debido a un accidente. La verdad es que no estamos seguros de cómo lo hizo, pero el GPS de la Transit nos desvía, haciéndonos salir de la autopista y evitando la retención. Esto nos pasaría varias veces a lo largo del camino. Antes de llegar a Valence encontramos una retención enorme debido, supongo, a la estupidez humana porque no había ningún accidente ni nada por el estilo (esta vez no le hacemos caso al GPS y no salimos de la autopista, con consecuencias negativas).

Por suerte la buena música nos acompaña durante todo el camino. Vamos escuchando una playlist que he preparado para el UTMB. Un de esas canciones que me flipan hasta más no poder:

Leiva – En el espacio

Montpellier, Nîmes, Orange, Montelimar, Valence. Paradas para comer, vaciar depósitos. El viaje sigue transcurriendo con una cara de felicidad enorme. Siendo honesto, estoy entre nervioso y cagado, pero miro a mi alrededor, respiro hondo y pienso en todo lo que he pasado para llegar hasta ese momento y la ilusión vence a todo miedo. No está siendo mi mejor año, pero estoy de camino a Chamonix.

Justo cuando estamos entrando en Grenoble suena esta canción de Vestusta Morla. Subir volumen y a disfrutar del poco camino que nos quedaba para llegar.

Vetusta Morla – 23 de junio

En principio son unas 2 horas hasta Chamonix desde Grenoble, pero cómo no, retenciones por doquier.

De Grenoble a Chamonix-Mont-Blanc

Los paisajes que estamos viendo nos hacen sentirnos bien, felices de estar ahí. Estamos yendo a vivir una aventura fascinante. Lo estamos haciendo on our own and in our own way. Vamos que lo hemos planificado un poco pero estamos yendo sin preocupaciones y adaptándonos a las circunstancias, pero sobretodo estamos ahí, cosa que hace unos meses veía imposible.

67 para llegar a Chamonix.

Cómo no, un imprevisto más, que no han sido poco en las más de 10 horas de viaje que llevamos. Justo cuando nos queda poco para llegar a Chamonix, unos 45-50 kilómetros, la carretera está cortada por obras y nos tenemos que desviar y pasar por un puerto de montaña con unas vistas increíbles a la par que largo y empinado. Esto nos retrasará mucho más, pienso, pero me da igual, estamos cerca.

Me fijo en el testigo de combustible y ¡mierda! Estamos más bien justos. Teníamos suficiente para hacer el camino recto hasta Chamonix pero haciendo el puerto no las tengo todas conmigo de poder llegar. En fin, decidimos ser optimistas y pensar en vamos a encontrar una gasolinera pronto.

Subimos el volumen, suena Sidecars:

Sidecars feat. Dani Martín – Todos mis males

La gasolinera salvadora no aparece y estamos empezando a pensar que nos vamos a quedar tirados en mitad del puerto. ¡Qué desastre! Pero empieza el descenso del puerto, así es que pensamos que gastaremos menos combustible (risas).

Después de un largo rato bastante acojonados, ¡por fin! Una gasolinera se vislumbra al final de una larga bajada. ¡Estamos salvados! Paramos a repostar en mitad de un paraje impresionante. Absolutamente verde y bonito. Unas casas preciosas. Ese olor a caca de vaca que me recuerda que estamos en la montaña. Estamos donde me gusta.

Con el depósito lleno nuevamente, subimos el volumen de la música y nos disponemos a completar los últimos kilómetros.

Despistaos – Las cosas se me olvidan

Tras unas 13 horas de viaje, ¡por fin llegamos a Chamonix!

Llegada a Chamonix-Mont-Blanc para el UTMB 2019

¡Lo hemos conseguido! Ha costado pero por fin hemos completado los más de 900 kilómetros que que hemos tenido que recorrer desde Gavá hasta Chamonix-Mont-Blanc.

Como ya tenía la experiencia anterior del año 2016 cuando vine con mi amigo Isaac (con su flamante Mercedes-Benz Marco Polo – envidia -), nos dirigimos a Argentière, que está a poco más de 9 kilómetros de Chamonix y hay una zona perfecta para pernoctar con la furgoneta.

De Chamonix-Mont-Blanc a Argentière.

Argentière se va a convertir en nuestro headquarters durante los próximos días.

La verdad es que el viaje ha sido cansado y es tarde, la temperatura ha bajado bastante y hace fresco. De camino a Argentière suena otra de esas canciones que nos encanta:

Els Catarres – Invencibles

Por fin llegamos al destino y tras aparcar la furgoneta y ponerla a nivel (hay que dormir bien), miro hacia atrás y me parece reconocer a alguien en la parte trasera de un furgoneta. Por dentro está todo llenos de cuerdas y material de escalada (y no muy ordenado, todo sea dicho). No me lo puedo creer. Sí, es mi colega Genís Zapater. Una bestia parda del deporte de montaña, lo mismo sube al Mont Blanc, que escala en USA, que gana una carrera de alta montaña. Está con Eric Moya, otro que tal baila. Vaya dos fenómenos.

En Argentière con Genís Zapater.

Nos saludamos, foto de rigor, una charla y a cenar.

El día ha sido largo pero ha merecido la pena. Cenamos en la furgoneta, vemos un capítulo de una serie en Netflix y nos vamos a dormir, mañana queremos hacer un poco de trekking y hay que descansar.

Argentière.

La aventura no ha hecho más que comenzar. ¡Buenas noches!

Un comentario en “La ida.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar